Si quieres puedes, pero hay que querer.

🌿 Pablito: vínculo, cuidado y compañía terapéutica
Pablito llegó a nuestra vida en las Navidades justo antes de la pandemia.
Venía de una casa de acogida, y apareció como un regalo de Papá Noel para Lobo.
Desde el primer día no fue “una mascota”: fue el hermano pequeño.
Ese rol lo asumió él solo, sin que nadie se lo enseñara, y lo ha llevado con una mezcla de sensibilidad y lealtad que no es fácil explicar con palabras.
Con el tiempo, Pablito también se convirtió en algo más:
mi compañero fiel cuando Lobo no está, y una pieza muy real de mi regulación emocional diaria.
Hay rutinas que ya forman parte de nuestra dinámica:
Cuando llevo demasiadas horas delante del ordenador, Pablito me corta el paso y me manda a la cama como si fuera un enfermero testarudo.
Cuando me despierto, es él quien marca el primer momento del día con su ritual de besos en la cara, como si quisiera recolocar mi cabeza antes de que aparezcan las rumiaciones.
Cuando mis pulmones están peor, se tumba sobre mi pecho y no se mueve durante horas, dándome calor y compañía silenciosa.
Cuando Lobo llega a casa, Pablito lo recibe siempre igual: con protección, juego y respeto. Tienen un vínculo propio, con normas que ellos mismos han creado y que funcionan sin que nadie intervenga. Se marcan jugando, pero jamás se hacen daño. Se entienden de una forma que solo tienen algunos hermanos.
Pablito es un gato sensible, atento, casi intuitivo.
No cura enfermedades, pero me regula: me acompaña en la ansiedad, me corta las espirales mentales al despertar, me obliga a descansar, me aporta calor cuando mi cuerpo falla y me da una base emocional segura sin condición alguna.
Para Lobo, es hogar.
Para mí, también.
Un gato curativo, sí.
Pero sobre todo, un miembro más de esta familia que hemos construido entre los tres

🌿 Nuestro ritual: un ancla contra el caos matutino
En este vídeo se ve algo que parece simple, pero para mí significa mucho más.
Antes, mis mañanas eran un salto directo a la ansiedad y a la rumiación. Hoy, lo primero que recibo es esto: Pablito acercándose, buscándome, despertándome con calma y cariño.
Ese contacto temprano rompe el automatismo del TLP, evita que mi mente arranque en modo tormenta y me obliga a empezar el día desde el cuerpo, no desde el miedo.
Es su forma de cuidarme.
No necesita palabras: detecta mi respiración, mi estado, mis días malos o mis pulmones cansados. Y ahí está.
Este ritual nos recuerda algo sencillo y poderoso: a veces la regulación llega de la presencia cálida de quien te quiere sin condiciones.
🧠 Lo que dice la ciencia sobre la interacción con gatos y salud mental
Aunque no existe una “terapia oficial” exclusiva con felinos para el TLP, sí hay una base sólida de estudios que explican por qué la relación con un gato puede tener un impacto real en la regulación emocional, la ansiedad y los procesos de recuperación.
1. Reducción de estrés y activación fisiológica
El contacto con animales domésticos (incluidos gatos) se asocia con:
disminución de la frecuencia cardíaca,
reducción de los niveles de cortisol,
aumento de la variabilidad cardíaca,
y un incremento de oxitocina, la hormona vinculada al apego seguro.
Estos efectos están descritos en múltiples estudios sobre Intervenciones Asistidas con Animales (IAA), publicados en revistas como Frontiers in Psychology, Anthrozoös y The Journal of Nervous and Mental Disease.
2. Interrupción de patrones de rumiación y conductas repetitivas
En trastornos donde la mente se “enciende” sola al despertar (TLP, ansiedad generalizada, depresión), un estímulo físico y afectivo temprano —como un gato que te toca, te busca o te despierta— puede interrumpir la cadena automática de pensamientos intrusivos.
En psicología se llama interrupción sensoriomotora del ciclo rumiativo, y está descrita como herramienta útil en TLP dentro de la terapia DBT.
Pablito hace eso contigo de forma natural.
3. Estructura diaria y regulación del ritmo circadiano
Los animales crean:
rutinas,
horarios,
transición entre actividades,
“puntos de inicio y cierre” del día.
Esto es muy útil para TLP, donde la desregulación suele romper los ritmos naturales.
Estudios sobre personas viviendo solas con trastornos afectivos muestran que los animales mejoran:
la adherencia a rutinas,
la higiene del sueño,
y la capacidad de “cambiar de estado” (por ejemplo, pasar de rumiar a actuar).
4. Apego seguro y vínculo afectivo no amenazante
Las personas con TLP suelen tener un historial de vínculos inconsistentes o inseguros.
Un gato ofrece:
presencia constante,
afecto no condicionado,
ausencia de juicio,
contacto regulador,
y señales sociales suaves.
Esto se relaciona con el concepto de regulación diádica, estudiado en neurobiología interpersonal: dos sistemas nerviosos sincronizándose para crear calma.
5. Beneficios en abstinencia, adicciones y autorregulación
En adicciones se sabe que:
el contacto afectivo con animales reduce craving,
disminuye impulsividad,
y ayuda a bajar la hiperactivación fisiológica.
Muchos centros de tratamiento integran animales por esta razón.
No se trata de que “el gato cure”, sino de que:
reduce la activación interna,
ofrece refuerzo positivo,
acompaña la soledad crítica,
distrae del impulso autodestructivo,
y regula el sistema nervioso.
Es exactamente lo que tú describes que Pablito hace contigo.
6. Sensibilidad a cambios corporales y síntomas físicos
Los gatos son extremadamente sensibles a:
respiración,
ritmo cardíaco,
temperatura,
dolor,
estados alterados de su humano.
No es magia: es etología.
Detectan microseñales.


Aviso importante: La información de esta web es divulgativa y no sustituye atención médica, psicológica o psiquiátrica.
En caso de urgencia o crisis emocional, contacta con los servicios sanitarios correspondientes. 📞 112 📧 ayuda@vivircontlp.com
· Aviso legal · Política de privacidad · Política de cookies
