Si quieres puedes, pero hay que querer.

Chi Kung
Fuerza desde la calma, claridad desde el cuerpo
Introducción al Chi Kung para principiantes
El Chi Kung es una disciplina tradicional china con una historia que se remonta a varios miles de años. Nació de la combinación de medicina tradicional, observación del cuerpo, filosofía taoísta, budista y prácticas marciales. Su objetivo principal era mejorar la salud, fortalecer el organismo, cultivar la energía vital y favorecer la claridad mental. A lo largo del tiempo se desarrollaron cientos de estilos, pero todos comparten la misma base: movimientos suaves, respiración consciente y una atención centrada en la postura y en las sensaciones corporales.
Históricamente, el Chi Kung fue practicado por monjes, médicos, campesinos y artistas marciales. Se utilizaba para mantener la salud, prevenir enfermedades, acelerar la recuperación física y preparar el cuerpo para esfuerzos prolongados. En las artes internas, como el Taijiquan o el Bagua, el Chi Kung se convirtió en un pilar fundamental para desarrollar estabilidad, estructura corporal y control de la respiración. En la medicina tradicional, se aplicaba como método complementario para regular el equilibrio interno y reducir tensiones crónicas.
Con la modernización de China y el interés internacional por las prácticas de bienestar, el Chi Kung se estudió desde nuevas perspectivas. Investigadores y médicos comenzaron a evaluar sus efectos sobre la postura, el estrés, la ansiedad, la función respiratoria, la regulación del sistema nervioso y la salud general. Hoy en día, el Chi Kung se considera una práctica accesible, segura y útil tanto para principiantes como para personas que buscan mejorar su vida diaria a través de movimientos simples y una respiración más estable.
Mi propio camino hacia el Chi Kung empezó lejos de España, en Escocia. Un amigo, Donald, me habló de esta práctica de manera sencilla. No me prometió nada especial; solo me dijo que podía ayudarme a respirar mejor y a sentirme más centrado. Empecé a practicar con él en la playa de Portobello, a apenas cien metros de mi casa. Allí, frente al mar, descubrí que unos minutos de quietud podían cambiar por completo cómo me encontraba por dentro. A partir de ese momento, el Chi Kung se convirtió en un hábito constante durante años.
Al principio lo practicaba solo por bienestar. Me ayudaba a soltar tensión, a sentir el cuerpo con más claridad y a respirar con más profundidad. No necesitaba aparatos, ni ropa técnica, ni grandes espacios: únicamente estar de pie o moverme despacio con atención.
Cuando dejé de beber, el Chi Kung tomó un papel distinto. Empecé a compartirlo con algunos compañeros de ARVIL como ayuda en los procesos de abstinencia. Observamos que estos ejercicios suaves reducían la ansiedad, facilitaban la calma física y daban una sensación de control corporal en momentos difíciles. Para mí, además, se convirtió en una herramienta de regulación emocional: algo que podía hacer en cualquier momento para acompañar las terapias, calmar impulsos, estabilizar la mente y reducir la activación interna.
Los estudios recientes también apoyan esta visión. Diversas investigaciones señalan que el Chi Kung y prácticas similares pueden contribuir a disminuir el estrés, mejorar el sueño, reducir síntomas de ansiedad y apoyar procesos de deshabituación al mejorar la estabilidad emocional y corporal. No sustituye la terapia ni los tratamientos médicos, pero sí puede ser un complemento valioso que fortalece la capacidad de la persona para autorregularse.
Esta página nace de todo ello: de la historia, de mi experiencia personal, de lo que he visto que funciona en la práctica y del deseo de acercar un Chi Kung accesible, realista, útil y adaptable para cualquier persona que quiera empezar. No hace falta una condición física especial. No hace falta tiempo extraordinario. Solo ganas, constancia y la disposición de escuchar el cuerpo de una forma distinta.


Una buena parte de mi práctica de Chi Kung nació en lugares como este: espacios tranquilos, lejos del ruido, donde podía concentrarme en la postura y en la respiración sin interrupciones. Practicar junto a un árbol, con el agua corriendo a pocos metros y el terreno irregular bajo los pies, me enseñó a equilibrar el cuerpo de una forma real, no teórica. Cada sesión era diferente: la luz, el viento, el terreno y mi propio estado interno marcaban el ritmo.
En Escocia encontré muchos de estos rincones, y fue allí donde entendí que el Chi Kung no es solo una secuencia de ejercicios, sino una forma de relacionarse con el entorno y con uno mismo. La quietud, el equilibrio y la respiración profunda se integraban de manera natural, casi sin buscarlo. Aquella práctica al aire libre se convirtió en una herramienta fundamental para atravesar momentos difíciles, regular la ansiedad y recuperar estabilidad física y mental cuando más lo necesitaba.
Aviso importante: La información de esta web es divulgativa y no sustituye atención médica, psicológica o psiquiátrica.
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